Adiós Pedro Lemebel

Los críticos apostaban por Germán Marín o por Pedro Lemebel. Para la ciudadanía (antes llamada pueblo) el merecedor del Premio Nacional de Literatura 2014 correspondía a este último, quien renovó la crónica latinoamericana desde una esquina marginal y contestataria.  

Por Guillermo Soriano

La institucionalidad prefirió otorgarle la máxima distinción literaria a Antonio Skarmeta. El escritor complaciente y símbolo de la Concertación, cuya prosa no envejecerá con dignidad ni trascendencia dentro del espectro literario nacional. La Ministra de Cultura, Claudia Berattini, tras saber de la muerte de Pedro Lemebel señaló que se lo había merecido pero “se fue antes de tiempo”. Hoy queda el apoyo ciudadano que convocó más de 10.000 firmas por redes sociales, en una cruzada impulsada por la Editorial Planeta y la Librería Metales Pesados, que aunaron fuerzas con la Brigada Chacón, el artista visual “Papas Fritas” y el músico Manuel García. El abogado y escritor Camilo Marks declaró que “los premios literarios son algo muy recientes, existen hace 100 años en el mundo. Cervantes, Shakespeare, Dante, Valsan, Dostoievski no obtuvieron nunca jamás un premio. Con o sin Premio Nacional, Lemebel es un escritor único y extraordinario”.

“Travestido, militante, tercermundista, anarquista, mapuche de adopción, vilipendiado por un establishment que no soporta sus palabras certeras, memorioso hasta las lágrimas, no hay campo de batalla en donde Lemebel, fragilísimo, no haya combatido y perdido. Para mí Lemebel es uno de los mejores escritores de Chile y el mejor poeta de mi generación, aunque no escriba poesía y Lemebel, es de los pocos que no buscan la respetabilidad (esa respetabilidad por la que los escritores chilenos pierden el culo) sino la libertad”, dijo en su minuto Roberto Bolaño, quien presentara la escritura de Lemebel al mundo, logrando que Loco Afán: crónicas de sidario se publicara en Anagrama y, desde ese entonces, considerado por toda la comunidad internacional.

Murió a los 62 años el 23 de enero del 2015, en Santiago de Chile, producto de un cáncer de laringe. “El maldito cáncer me robó la voz, aunque tampoco era tan afinado”, publicó en su página de Facebook en diciembre pasado, quedando para la prosperidad, sus últimos escritos que sonaron como una alerta presagiando la tragedia: “Les dejo estas letras en este último día de este mísero y próspero año, el reloj sigue girando. No hace frío ni calor, y extiendo mi voz como un abrazo anticipado hacia ustedes. Los beso a todos, a quienes compartieron conmigo en alguna turbia noche. Nos vemos, dónde sea”.

Su escritura se nutre a través de vivencias, a veces autobiográficas, a veces no, con temáticas que abordan la homosexualidad, la marginalidad, la pobreza, la política, sacudiendo al lector con una prosa barroca y mordaz. En sus inicios, Lemebel sacudió los últimos años de la dictadura  con sus performances y sus “Yeguas del Apocalipsis”; irrumpiendo en una calle, con un amigo, desnudos a caballo. Otra polémica aparición de esa década, fue en la que apareció en un encuentro de partidos opositores, con tacos altos y una hoz pintada en el rostro. Allí leyó su manifiesto Hablo por la diferencia, en la que describía cómo era ser homosexual, pobre y de izquierda: “Porque ser pobre y maricón es peor / Hay que ser ácido para soportarlo / Es darle un rodeo a los machitos de la esquina / Es un padre que te odia / Porque al hijo se le dobla la patita / Hay tantos niños que van a nacer / Con una alita rota / Y yo quiero que vuelen compañero / Que su revolución / Les dé un pedazo de cielo rojo / Para que puedan volar”.

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