Por Enrique Urrea Sepúlveda
Los primeros escritos se producen en el valle de Elqui, en los albores del siglo XX. Dos piezas casi infantiles: “Lola” y “Tus suspiros”, los que firma con su nombre Lucila Godoy.
El primero de agosto de 1904 escribe su primera publicación oficial: “El perdón de una víctima”, publicada al día siguiente en el periódico “El Coquimbo”, de la Serena, que firmó también con su nombre. Estos escritos son considerados hoy en día como escritos tempranos.
Siguiendo estos primeros manuscritos es que en 1905 publica, bajo el seudónimo de “Soledad”, “Horas sombrías”. En 1907, bajo el seudónimo de “Alguien”, publica “Alma”. En 1908, firma sus manuscritos por primera vez como Gabriela Mistral.
Por ese tiempo se convierte en colaboradora del periódico “El Coquimbo” en la sección “Lectura Amena”, época en la que escribe muchos poemas que se van publicando -1964/1910-. A partir de 1910 se observa la educación como tema central de sus textos. El primero de ellos es “Ventajas o canje”.
Posteriormente sigue publicando en “La voz del Elqui”, periódico del partido Radical, en Vicuña. También “El Tamaya” y “La constitución”, destacándose artículos como: “La instrucción de la mujer”, “Adiós a Laura”, “Página de un libro íntimo”, “Filosofía moderna”, y “La patria”, piezas interesantes por su contenido.
En la constitución de 28 de mayo de 1904, se entera del suicidio de Romelio Ureta, considerado como el primer amor de la poeta y a quién dedicaría años de versos que verían la luz bajo el título de “Sonetos de la muerte”.
En la Serena, Gabriela sigue enviando colaboraciones a la prensa y revistas como “Penumbras”, bajo el seudónimo de “Alma”.
A fines de 1910, Gabriela se traslada a la ciudad de Traiguen, lugar en el que permanece algunos meses. En un periódico local “El colono” publica “Entre los muertos”. Al año siguiente se traslada a Antofagasta, al liceo de niñas. Da a conocer en el periódico “El mercurio” varios de sus textos, bajo el seudónimo de Gabriela Mistral.
En 1912 se traslada a los Andes. En esta época da la entrevista “Justicia al mérito” en la que se observa la gran dimensión de su creación. “Hoy los poetas queremos dar una métrica distinta, a aquella uniforme y melosa a la que nos tenían acostumbrados”.
En 1914 La Aurora comunica la ganadora del concurso Juegos Florales a “Sonetos de la muerte” de Gabriela Mistral. Premiada con la más alta calificación. En ese momento, Lucila Godoy, comienza a ser desplazada por Gabriela Mistral.
En 1918, Pedro Aguirre Cerda, Ministro de educación, propone a Gabriela como Directora del Liceo de niñas de Punta Arenas. Lugar en el que toma una serie de decisiones acertadas, como reducir las horas de clase en el inclemente invierno, y extenderlas en épocas de primavera. De la misma manera promueve visitas instructivas a las cárceles, y la creación de Bibliotecas. Crea una revista para la comunidad, que titula “Mireya”, con la que colabora activamente, divulgando sus trabajos literarios. Aquí surgen los últimos poemas que se incorporan en 1922 en “Desolación”.
La producción de Gabriela Mistral es numerosa, la mayoría se escribe en 1919.
En 1920 Gabriela Mistral es trasladada a Temuco, como profesora de castellano y directora. “Ya se encuentra frente a su dirección la aventajada educacionista y literata distinguida, señorita Lucila Godoy, más conocida en el campo de las letras como Gabriela Mistral”. Periódico “La mañana de 20 de abril de 1920”.
En Temuco Gabriela se preocupó especialmente de los ancianos y los presos, a quienes ofrece una serie de conferencias. En esta etapa empieza a estudiar políticas en pro del libro y la formación de Bibliotecas. Dejó, además hermosas composiciones, destacando: “Poemas de la madre”, “Moral y trato social en los colegios”, “Oración de los obreros”, entre otras muchas.
En Temuco conoce a un joven poeta de 15 años, al que años después conoce el mundo como Pablo Neruda. Gabriela lo lleva a leer autores rusos como Tolstoi, Dostoievski, y Chejov. Un hecho curioso en este devenir es que se vuelven a encontrar años después en España, país en el que Neruda le arrebata el consulado a Gabriela.
A los meses nuevamente es trasladada, en esta ocasión a Santiago al Liceo 6 de niñas, recientemente fundado. Siendo nombrada Directora el 14 de mayo de 1921. A pesar de tener detractores continúa su excelente trabajo docente. Continua su labor literaria y ensayos de educación, cultura e historia en “El Mercurio”.
Mismo año en que empieza a prepararse para ir a México, luego de ser invitada por el ministro de educación José Vasconcelos. Parte el 22 de junio con destino a Valparaíso, para tomar el vapor “Orcoma”. En este tiempo escribe “La biblia”, texto que deja en su biblia personal, la que se conserva en el actual liceo A-7 de Santiago, como preciosa pieza museográfica.
Este es el despegue de una carrera que alcanzaría la cúspide con el Nobel de Literatura.
Pese a los infaltables detractores, Gabriela Mistral fue querida y apreciada por sus pares. Los intelectuales siempre la valoraron y quisieron. En la escritura de Gabriela se destacan tres aspectos que marcaron su legado: el amor, la educación y la defensa de los más desposeídos. A continuación, comparto contigo tres extractos que ilustran lo expuesto.
El ruego
Señor, tú sabes como con encendido brío
Por los seres extraños mi palabra te invoca
Vengo ahora a pedirte por uno que era mío
Mi vaso de frescura, el panal de mi boca.
Te digo que era bueno, que tenía el corazón
Entero a flor de pecho, que era suave de índole,
Fresco como la luz del día
Henchido de milagros como la primavera.
Doña Primavera
Doña primavera viste que es un primor
De blanco tal como limonero en flor
Salida encontrarla por esos caminos
Va loca de soles, va loca de trinos…
Piececitos
Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!
¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!
El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;
que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.
