No puedes ser conchasumadre toda la vida

Ahora lo entiendo todo. Bueno casi todo. La llovizna que acompañó mi regreso a casa iluminó mis siempre confusos pensamientos. Ella había sido una mujer honesta. Sólo quería sexo.

Por R. Medina

Uno de los reflectantes de mis pedales gastados amenazaba con desparramarse por el pavimento húmedo. Cada cierto tiempo lo impedía con el dedo índice de mi mano derecha, ingresándolo a su posición idónea. Mi ritmo era cansino, demasiado cansino. Mis músculos se exigían y la pesada bicicleta parecía derrotarme. Nunca lo lograba. Al llegar al tercer piso respiraba unos segundos, para poder desplomarme sobre mi desordenado cuchitril.

Como decía, lo entendí todo. A veces necesitas ver correr demasiada agua bajo el puente. Demasiadas decepciones. Mujeres abandonas por el desamor. Porque la carne sólo buscaba carne. Y quedaba un simple y tenebroso vacío. Nada más. No importa si ya tienes las zapatillas metidas en el fango. Todo lo que yo había sido con las mujeres se devolvía. Y no sentí rabia. Exhalé un hálito de vergüenza. Miré hacia el oscuro color de la noche de Santiago.  El cielo se cernía sobre mis espaldas, y mis gafas empañadas me recordaban que no puedes ser conchasumadre toda la vida. Error, se podía. Ya no uso audífonos y únicamente puedo tararear pegadizas canciones. Y siempre se me graban las peores.

[pullquote]Miré hacia el oscuro color de la noche de Santiago.  El cielo se cernía sobre mis espaldas, y mis gafas empañadas me recordaban que no puedes ser conchasumadre toda la vida. Error, se podía. [/pullquote]

Cuatro días después me encontré con la foto del condenado cura O’Reilly sonriendo en un supermercado. No estaba preso como lo estaría un civil cualquiera. Uno viejo, manoseador y asqueroso de la periferia capitalina. Recuerda que los ricos cometen errores, y los pobres delitos.  Con la misma sotana con la que abusaba de niñas en un colegio cuico. Los Legionarios de Cristo tienen un prontuario siniestro relacionado a los delitos sexuales.  (Googlea al cura Marcial Maciel si es que te quedan dudas). Con la misma frescura de raja que les otorga la resuelta decisión de Dios de confinarlos a mansiones avaluadas en millones de pesos. Esos millones que jamás repararán el daño causado.

Sentí impotencia. Mi culpa era tan insignificante al lado de la de un pedófilo. Y me miré en el espejo. Imaginé que no era yo. Que había nacido con peor suerte. Ahora me encontraba amarrado en un poste. Semidesnudo. Y no tenía mi edad. Era mucho más joven. Y mi padre estaba preso. Ninguno de mis hermanos había terminado el colegio. Vivía en un barrio conocido sólo para el 29 de marzo o para el 11 de septiembre. Cometí un delito. Robar un celular a un abuelo indefenso. Me habían golpeado, humillado. Una lágrima se me arrancaba por los pómulos ensangrentados. Se podía ser un conchesumadre toda la vida y no pagar la cuenta. Había que tener sotana solamente. Pero no era mi mejor día. Me lavé la cara. Yo no era cura ni tampoco un delincuente doméstico. Y no era suerte ni destino, no creo en esas huevadas. Era simplemente la causa y efecto. No volvería a ser el mismo. Me sentí agradecido de la lección de ésa mujer, aquella que sólo quería tener sexo. Pronto ella tendría la suya.

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