cigarrillo

Adiós mi gran mal amigo

Por Alejandro Aguirre.

Recuerdo que era chico cuando junto a mis hermanos y mi vecino, nos subíamos a unos árboles que daban al final del patio, él en su casa, nosotros en la nuestra. Agarrábamos las hojas secas del ciruelo que nos sostenía en sus ramas, las molíamos y dentro de un trozo de hoja de biblia, encendíamos nuestro “cigarro”.

Pero la primera vez fue diferente. Recuerdo que fue algo molesto al inicio, pero ya había entrado al círculo. Me sentí mal, pero supuse que con el tiempo ya sería placentero. Era un Life. Fue como respirar una sierra y quién me lo había ofrecido era un compañero que ya tenía práctica. Yo iba de regreso del colegio. Me mareé. Ese fue mi primer cigarro. Un mal amigo, pero amigo. Atrás quedarán tantos momentos, incluido este. Serán las últimas bocanadas del humeante placer. Mal amigo que has estado en todas, en situaciones inolvidables que es imposible escribirlas todas. Coronaste momentos donde dije “Qué más puedo pedir”.

Una hermosa compañía y mis manos una cerveza y un pucho. Fuiste también parada obligatoria en la intimidad, o la excusa perfecta para descansar. Motivo de incontables risas y buenos momentos, también aliviaste penas y amarguras. En corriente o light, siempre fue un placer. Amigo inseparable en carretes, asados, viajes, caminatas.  Nacimientos, funerales, trabajo, colegio, universidad, recitales. Uf!, te disfruté en eternas noches de luna, bajo torrenciales lluvias, mirando la ciudad sobre un cerro o después de una prueba. Tranquilizaste mis nervios en situaciones difíciles, también los alteraste con tu ausencia. Aunque sin duda fueron los conversados eternamente con amigos o con una buena compañía femenina.

Pero hoy, en el día en que la cámara baja aprobó la controvertida Ley Anti Tabaco, he decidido dejarte. Ya no eres compatible con mi vida que ahora anda sobre dos ruedas. Ha sido una decisión que he venido pensando hace mucho, sé que a pesar de todos los buenos e increíbles momentos que hemos pasado juntos, debo dejarte. Para siempre. Ahora comienzan días duros, ya no usaré tu humo para relajarme, para después del almuerzo o bien para ver un partido. Nunca más después de un buen caño, o después del sexo. Nunca más ese relajante sonido del encendedor crispando el tabaco con chisporroteante color el extremo del cigarro. No volveré a jugar con el humo intentando hacer figuras que nunca resultan.

Debo ser fuerte y ésta será mi gran lucha. Sin embargo no quiero irme culpándote de lo que yo soy responsable. No te culparé como hacen otros, del poder que ejerces sobre las personas, mi adiós tiene un sabor a agradecimiento por todos aquellos momentos en los que estuviste conmigo. Fueron grandes e incontables, simplemente gracias por todo. Ahora llegó el momento de dejarte, y espero para siempre, ya es mucho el daño que me has provocado o bien, que yo elegí que me provocaras, pero no te odio por eso.

Finalmente disfruté cada una de las bocanadas de tu humeante placer y eso me hace sentir mucho mejor ahora que he decidido dejarte atrás. Probablemente en un futuro el cuerpo me recuerde cada uno de los cigarros que disfruté, y acelere mi muerte a causa de una enfermedad compleja. Sin embargo hoy, al momento del adiós, agradezco por todos aquellos años que compartiste junto a mí y ahora, cuando recién comienza el 2013, expulso la última bocanada de un amigo que literalmente, se hizo humo.