Cine//B_5 Entre sombras y susurros

Por Cristian van Kerkhoff.

En blanco y negro. Paso a paso construye su percepción. Los colores circulan mediante los recuerdos, sueños y sensaciones. Su capacidad diferente nos invita a presenciar su realidad, conocerla y por un momento intentar sentir como Miriam lo hace. Un largometraje venezolano enfocado en la docuficción, que abre los sentidos y que lleva a que la empatía crezca y nos invada en cada momento.

Como primer largometraje, Samuel Henríquez (Comunicador Social de la Universidad Andrés Bello de Venezuela y Magíster en Comunicación Interpersonal de la Universidad de Nueva York) se atreve en mostrar una realidad compleja, quizás lejana para el común social y que hace pensar y reflexionar durante los 74 minutos de duración. Miriam Torres, una sordociega de 55 años busca seguir disfrutando de las cosas pequeñas que le entrega la vida. Posee una capacidad diferente, pocas veces cercana a lo que estamos acostumbrados de ver. En la historia de Miriam, Samuel Henríquez logra mostrarnos cómo se comunica socialmente, la relación con los elementos, las vibraciones que la ayudan como guía que entregan la posibilidad de estar en constante conocimiento de los lugares y situaciones, incluso estando en constante rehabilitación, buscando mejorar siempre su capacidad y compartiendo experiencias. El film, en blanco y negro, asemeja su imposibilidad de ver, donde el color, solo se hace presente cuando hay flashback a su niñez -desde los 7 años que es sordociega-, cuando el pasado se hace presente. Su imposibilidad de escuchar, lo vemos plasmado en las relaciones que hace con el espacio, quizás siendo de niña un manifiesto limitante en el cual tuvo que aprender a actuar.

La forma en como ella ayuda y contribuye con su entorno, hace que Samuel nos de la noción de que Miriam no se queda solo en sus problemas, mostrando la enseñanza y conocimientos que entrega a partir de su enseñanza de vida, ya sea ayudando a otros que poseen similitudes con su capacidades diferentes o adoptando el desafío de presentarse -llena de valentía y coraje- frente a un curso de niños. En esta experiencia, los niños interactúan con ella, le hacen consultas de lo que le toca vivir y cómo afronta el día a día sin poder hablar ni escuchar. La motivación final es el resultado de distintas interpretaciones de momentos plasmado en plastilina, la cual Miriam percibe con sus manos e imagina en su mente gracias a sus sentidos y la guía de las niñas y niños expectantes. Visita especialistas, ayudada por su amigo Ibrahinn, con quien se comunica mediante lenguaje de señas y haciendo enfoque en la palma de la mano y los diversos escenarios comunicativos que se pueden recrear. Conoce nuevos sistemas de comunicación (Teletouch), el cual le muestra una forma de comunicación interpersonal en donde ella puede entender y hacer que sus palabras sean entendidas a cabalidad y no sólo interpretadas. De su misma boca escuchamos frases con tanto trasfondo e intensidad arraigada en su corazón.

“Mis amigos y hermanos ya no tienen rostro” (quizás siendo identificados a punta de olfato, vibraciones y lo que el tacto pueda clarificar) , “no hay letras en las páginas de los libros” -donde el sistema Braillé sólo la informa en símbolos-, o la aún más intrigante “no sé cuál es la cara que miro cuando estoy frente al espejo”. Quizás de ahí que Henríquez reitere y haga tanto énfasis en la imagen de mañana cuando Miriam se lava su cara, es como si estuviese intentado limpiar su impedimento, ampliar sus capacidades o recobrar esos  colores con los que tanto anhela desde niña. ¿Por qué a mí? Quizás cuántas veces se realizó esta pregunta Miriam, cuánto tiempo se negó a su capacidad y, dentro de estas situaciones históricas, cómo esta misma inquietud Samuel Henríquez trató de que a los espectadores nos hiciera sentido, nos cautivara y emocionara. Pero por sobre todo, nos abriera los ojos para aceptar y abrazar diferentes capacidades humanas a nuestra realidad. Aunque, el hecho de que Miriam logre saber hacer de todos sus sentidos efectivos una motivación que pueda, incluso ayudar a otros, es la forma que tiene de contribuir desde su experiencia de vida, en donde hace útil sus capacidades diferentes en beneficio de otros que se encuentra sumidos en ese mismo mundo.

Este largometraje termina siendo una ventana de aprendizaje, una visión a considerar, incluir y aceptar para siempre, apremiando los valiosos minutos que nos entrega Miriam con su experiencia y Henríquez con su enfoque en detalles, vivencias y sensaciones.

 

Publicación anterior

Cine//B_5 Apertura & Aquí Estoy Aquí No

Publicación siguiente

Rodríguez, el poeta de los suburbios

Más reciente en esta categoría

[POEMA] EPITAFIO

No quiero que nadie me recuerde protegido en tibiezas, en la comodidad que brindan los privilegios,…

[CUENTO] BOGO MARU

—Majestades, Altezas Reales, señoras y señores, dejo este podio al padre Aidan Murphy, Marutai Popola, ganador…